Hola, me llamo Jorge, tengo 25 años y soy un defensor a ultranza del nudismo, aunque sólo sea por la sensación tan gratificante e indescriptible que produce el sentir la brisa del mar y el agua en el cuerpo, sin tener ningún tipo de barrera.
Aún con todo,y para demostrar que a veces cuesta conseguir algo, quisiera contar una de mis primeras experiencias nudistas, que en verdad resultó algo traumática y embarazosa para mí y que ahora me resulta tan sólo una mera anécdota. La primera vez que practiqué el nudismo fue el verano pasado. Fue en una de estas playas de Baleares, tan habituales, en las que hay mezcla de textiles y nudistas.
Me atraía mucho la idea de poderme liberar de la molestia del bañador y de poder disfrutar de las sensaciones que he descrito, pero claro, existían dos problemas fundamentales: vencer el natural pudor que supone desnudarse a la vista de los demás, y por otro lado el temor a las consabidas erecciones, eso sin pensar siquiera en la posibilidad de encontrarme con alguien conocido.
Finalmente, ahí estaba yo, en un lugar un tanto apartado de la playa, pensando en si tendría el valor suficiente o no para hacerlo. La presencia de algunas mujeres a una distancia desde la que me podrían contemplar con todo detalle me frenaba cada vez que decidía ir adelante con la "aventura", pero a la vez me producía un cierto morbo, no podía evitarlo. Finalmente, en un arrebato de coraje me despojé del bañador, pero claro, casi inmediatamente me tuve que colocar boca abajo, puesto que así me sentía más seguro. Tardé casi una hora en darme la vuelta y poder disfrutar realmente del sol, ya que en varias ocasiones las erecciones no me dieron opción, y en seguida tenía que girarme de nuevo. En fin, puedo decir que finalmente lo conseguí y que la sensación de bienestar que experimenté el resto de la tarde compensó el "trago" inicial.
Pero la situación a la que me refería al principio ocurrió la tercera vez que acudí a esta playa. Ya con la confianza y la experiencia de las dos veces anteriores, procedí a quitarme la ropa y a tumbarme a leer un rato tranquilamente. Al cabo de un rato, decidí levantarme para ir a bañarme y he aquí que cuando estoy en la orilla oigo que alguien dice mi nombre. Al levantar la cabeza descubro con horror que se trataba de dos compañeras de la universidad con las que siempre he tenido una buena relación (ambas, por cierto, están entre las que pueden presumir de mejor tipo de toda la clase). Lo peor de todo es que ellas llevaban puestos sus bikinis, mientras que yo estaba totalmente desnudo! Fingieron no dar importancia a este hecho, pero lo cierto es que me di cuenta de que para ellas esta situación tampoco era habitual. Además, noté que, lógicamente, mientras hablábamos ellas en varias ocasiones fijaban la vista en mis partes...(yo la verdad es que me sentía tan cohibido que no acertaba a atinar con un tema de conversación). No les culpo por ello, porque el ver a una persona conocida desnuda no es frecuente. Además, soy consciente de que despierta curiosidad morbosa. Finalmente, en el colmo de mi desesperación, ocurrió lo peor: Sentí que me venía una erección. Imagino que la situación de verme desnudo frente a dos mujeres conocidas vestidas, y además con cuerpos bonitos me provocó esta lógica reacción. Traté de no pensar en ello y de resistirme, pero mientras trataba de seguir hablando notaba la excitación por momentos. A medida que ocurría lo inevitable, noté que ellas fijaban más su vista, pero no hicieron ningún comentario. Finalmente, llegó un momento en que me encontré muy excitado, con mi miembro completamente erecto delante de ellas. Dudé en disculparme o bien continuar como si nada. Puedo asegurar que nunca me he sentido tan desconcertado y a la vez desesperado por no saber qué hacer. Acabamos improvisando una despedida apresurada, tyras la cual me metí rápidamente en el mar hasta que todo volviera al estado de reposo...
Pienso que si al menos ellas hubieran estado en top-less la situación no habría resultado tan violenta para mí, o al menos no me habría sentido tan indefenso ante ellas, pero realmente mi sensación fue de debilidad y gran rubor. Yo lo atribuyo a mi poca experiencia en la práctica del nudismo por aquel entonces.
Durante unos días tardé en quitarme la escena de la cabeza, aunque finalmente todo quedó en una anécdota que he superado y que no me ha impedido seguir practicando el nudismo con total normalidad...No me he vuelto a encontrar con estas amigas desde entonces, y la verdad es que me pregunto que si alguna vez las veo saldrá el tema. Probablemente no.
En cualquier caso, soy consciente de que fue un caso de muy mala suerte y de inexperiencia. Con todo, os animo a que probéis el nudismo, porque el hecho de "sobrevivir" a esta experiencia me ha hecho apreciar más si cabe el hecho de practicarlo y de no dar más importancia de lo debido a ciertas reacciones naturales de nuestro cuerpo.
Espero que estas historias animen a todos aquellos que estén dudando en practicarlo.
Mi primera vez fue hace muchos años en la isla de Ons, pero creo que puede resultar mas interesante mi primera vez con mi novia (ahora ya mi mujer). Fue hace 4 anos en Benalmádena. En el 97 fuimos allí con unos amigos y vimos que habia una playa nudista por los alrededores, pero no fuimos porque ellos no son nudistas. Al año siguiente fuimos solos mi novia y yo, y buscamos la playa, aunque no tenía muy claro que ella fuera a quitarse el bañador. La playa, como muchos sabréis es prácticamente nudista al 100%, y creo que eso fue bueno para que mi chica se quitara el bikini sin ningún problema. Disfrutamos de una playa fantástica y desde entonces ella prefiere ir a playas nudistas.
Ya había hecho nudismo furtivo y solitario desde mi adolescencia (montaña, playa desierta), por lo que hacerme nudista "oficialmente" no fue difícil. Se trataba de que llegara la ocasión, y sucedió a los 25 años cuando con unos amigos fui a Maro (Málaga) de acampada a la playa. Una cala de difícil acceso, sin legalizar, pero tradicionalmente mixta. Cerca de nuestra tienda había otra de mujeres y hombres, todos nudistas. Tras la tarde y noche bebiendo y comiendo, y dando la lata con guitarra y canciones, decidimos darnos un baño desnudos y obnubilados por el alcohol. Tras volver a la tienda, decidimos quedarnos así, desnudos. Y así seguimos los cuatro (bueno, tres; pues uno se vistió) durante el día siguiente. Fue estupenda la sensación. Tanto, que al regresar a Málaga y contárselo a mi novia decidimos ir juntos al siguiente fin de semana. Ella primero se quedó en topless (llevaba poco haciéndolo, y siempre que no hubiera alguien cerca), pero poco después se desnudó. Tenerla así, aunque sólo mostrara su pecho, me hacía tener una erección que no me esforzaba en disimular por no tener cerca a nadie. Seguimos yendo a Maro por un tiempo.
Hasta que probamos con otra playa más cercana a la ciudad, la de Campo de Golf (Guadalmar). No legalizada entonces, pero frecuentada por nudistas y bastante despoblada. Hasta que un día llegó la Guardia Civil, nos ordenó vestirnos y tomaron nuestros datos para sendas multas. De 10.000 cada una. Al preguntarle a los agentes por una playa nudista "legalizada" y cercana nos indicaron la existencia de Benalnatura. Al ir a esa playa, masificada pero modélica, temí la erección de costumbre, pero un prodigioso y necesario bloqueo mental lo frenó. Así, gracias a la Benemérita encontramos la playa ideal. Tolerancia, igualdad, libertad y comodidad. Todo eso se da cita en Benalnatura. Y en el nudismo.
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