Hola chicos, yo tambien os voy a contar mi primera experiencia, al contrario que a mucha gente, a mí nunca me ha dado verguenza el hecho de enseñar mi cuerpo, cuando estoy en casa siempre me sobra la ropa y estoy harta de oir desde pequeña a mis padres diciendo que me tape que no salga "así" por la casa, así que tenía claro que a mí eso del nudismo, del sol por todo el cuerpo y la libertad maravillosa de bañarte en el mar sin ropa, sabía que me iba como anillo al dedo.
Lo malo es que yo soy de una provincia cerrada del norte de España y allí vamos se te suelta un poco el bañador y salen corriendo. Hipocresía a tope.
Además en mi caso tengo un problema importante añadido, a mí me va el nudismo por problemas de salud, tengo un problema no contagioso en la piel que me salen manchas y solo con el sol me curo completamente y soy una persona nueva. El sol y el yodo son sin duda el mejor tratamiento para mí, por eso cada vez que iba a la playa me curaba, sí pero solo en aquellas partes de mi cuerpo expuestas al sol y al aire libre por eso seguía teniendo la piel llena de manchas en aquellos lugares que no me daba el sol. Cada vez que me desnudaba el problema seguia allí y claro la autoestima y los ánimos por el suelo.
Así que me dije basta ya de sufrir sin sentido, la vida es para disfrutar ser libre y feliz, ahora voy con mi marido (al cual me costó convencer) siempre que podemos a las playas nudistas y la verdad hemos quedado enganchados al nudismo desde que el año pasado probamos nuestra primera vez en las playas nudistas malagueñas.
Un abrazo a todos
Hola, me llamo Txema y quisiera contar lo que fue mi primera experiencia en Julio de 2001, y animar al que no lo haya probado, que lo pruebe, que seguro que no va a quedar desencantado.
A mis padres y a mi hermana no les ha atraído nunca el nudismo, y siempre lo han tratado como un juego de carácter sexual, de ir a una playa a contemplar a seres del sexo opuesto, dispuestos a exhibirse. Nada más lejos de la realidad. Es una forma de vivir el verano, de convivir con los demás en un marco de armonía con el vecino de la toalla de enfrente, y siempre respetuosamente, sin fijarte en quien está más buena, o quien la tiene más larga. De eso se encargan los textiles que se dedican a invadir nuestras zonas para molestar a toda nuestra comunidad.
Ante todo he de decir que acudí a una playa mixta con la intención de ubicarme en la zona textil ya que me daba mucha vergüenza ponerme como mi madre me trajo al mundo. Me atraía el fuerte oleaje de la playa y que era una de las preferidas por muchos de los jóvenes, así que no vi más impedimentos para acudir. Cuando llegué, me llamó la atención 2 cosas: 1º, la naturalidad con la que la gente caminaba sobre la arena, sin ningún complejo, y importándoles un pito que otros les viéramos desnudos, y 2º, que el 90 % de las personas que paseaban por la playa con la marea baja iban desnudos. Esto hizo sentirme como un extraño en la playa y opté finalmente por quitarme el bañador tras la comida y trasladarme al sector nudista, que es un espacio mucho más reducido, pero a su vez más concurrido que otros sectores de la playa.
Así hice y por fin llegó el momento. Elegí el sitio que creía más adecuado para colocar mi toalla. Me quité la camiseta, y al fin el bañador. Y fue buenísimo. La sensación de libertad que se vive es única. Pero tenía que llegar lo mejor, el primer baño desnudo. Y fue lo mejor que me podía haber pasado. Fue una sensación de frescor en todo el cuerpo que unido al vientecillo que había y al sol en todo su esplendor que pegaba (y bien que pegaba), que no me hizo pasar ni frío ni calor, es decir, me hizo sentir mejor que en mi propia casa. Ese día se produjeron más curiosidades ya que gente que acudía a la playa a menudo, y que no se habían quitado el bañador, optaron de golpe y porrazo por desnudarse completamente. Fueron familias enteras, desde los abuelos hasta los recién nacidos. También había alguna reacia que se quedaba en TOP - LESS pero que finalmente optó por desnudarse.
Incluso vi a una mujer que vino de trabajar sobre las 7:30 de la tarde, sin toalla ni accesorios. Sólo una bolsa para guardar la ropa para que ésta no se manchara. Cogió, se desnudó, se metió al agua, salió a dar un paseo por la orilla, llegó seca para vestirse, se vistió y se marchó.
Por esto y por mucho más recomiendo a todo aquel que se le asome la idea por la cabeza, que no se lo piense y que se dé una vuelta para probarlo, y le aseguro que no se volverá a poner bañador. Tiene ventajas amplias como no tener que esperar a que se seque el bañador, que no se pegue al cuerpo al salir del agua, etc. Tengo ganas de asociarme en alguna asociación, pero me encuentro con el rechazo de mi familia, a la que ni le he comentado el asunto, y el de mi novia, a la que todavía no he convencido para probar la experiencia, que por otra parte, no es de su agrado. Pero creo que todo llegará algún día. Sólo veo un problema en toda la gente reacia. La escasa difusión que tiene el nudismo o naturismo, según se vea, en los medios de comunicación. Creo que si hubiera un programa de media hora de duración semanal que hablara del tema, una revista especializada, y un apoyo de las instituciones públicas a estas prácticas, estaríamos el triple de los que estamos ahora y con visos de igualarnos en un futuro con otros países. Hay que dejar de escandalizarse con ver a alguien desnudo. ¡Ah! Y espero que algún día alguien publique un listado completo de las playas españolas donde el 100 % de los usuarios esté obligado a estar completamente desnudo. Es para estar a salvo de mirones.
Ahora, la decisión de acudir es vuestra. Os animo desde aquí a acudir, y a los habituales, ya nos veremos. Desnudos, por supuesto. Un abrazo.
Era verano del 94 y todo el bachiller estaba superado, nos ibamos de beca de idiomas a Burdeos a hospedarnos en familias y pasar un mes de francés.
Todo los colegas de la expedición encontraron a sus familias en el aparcamiento del carrefour donde se organizó el encuentro. De camino a casa, y ya todo en francés me iba poniendo al día de lo que me esperaba para todo ese mes, me comentó que eran naturistas y que tenían una caravana en el camping C.H.M. de Montalivet donde iríamos los fines de semana y festivos. Espero que no tengas ningún problema porque si no tienes prejuicios te encantará.
Cuando llegó el fin de semana fuimos a la playa, la carretera transcurría entre frondosos bosques de coníferas y pino atlántico, levantados sobre helechos y mantos verdes. Al llegar al camping creí entrar en el paraíso gente de todas las edades jugando, haciendo deporte, en bicicleta, paseando, de camino a las duchas a la playa con los atuendos necesarios para protegerse del frío: desnudos. Un viaje veloz de retroceso embrionario me dejó claro que esto sí que es vida, lo que nos hemos montado con tanta civilización es otra cosa, artificios humanos. Mi adaptación al medio fue tal que al día siguiente ya había hecho amigos: Nicolas, Vanessa, Amelie, Peter...franceses, holandeses, alemanes y todos estábamos de vacaciones. Quedabamos en la playa, en las duchas, en la disco, en las dunas. Nos enamoramos y fuimos felices, teníamos 17, 18 años.
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