Mi anécdota es un desastre, pero nos aumenta la libido a mi esposa y a mí cuando la recordamos.
Mi esposa no es una loca desbocada, hace lo que consideramos normal en la sociedad y una vez, tras una tonta apuesta sobre qué harían unos amigos gané yo. La apuesta consistió en que el que perdiera, haría algo que no fuera común y habitualmente no haría. Despues de pensar un poco, aprovechando que vivimos en un pueblo costero y era verano, le propuse ir a una playa nudista. Con risas y cachondeo me tachó de loco y me dijo que no. La abucheé con "cobarde, no sabes perder, uuuuuuh, gallina". Sabía desde el primer momento que lo haría, pues habíamos hablado del tema y era un asunto pendiente por la vergüenza de ella. Al final fuimos un Domingo a una cala popular en la zona donde residimos. Dudó un poco pero al final se quedó totalmente desnuda. Nos bañamos, tomamos el sol y a la media hora de estar allí, empezó lo que para ella fué el tierra trágame. La reconocieron y vinieron a saludarla el jefe de la oficina donde ella limpia. El del bar donde suele tomar café. Un compañero de trabajo que a veces va con ella cuando hacen cristales en las oficinas. El dueño de nuestro piso, pues estamos de alquiler. Uno tras otro, sin darle tiempo a reaccionar y marcharnos de allí. A mí que soy más morboso y un voyeur declarado, me puso a cien la situación, pero ella estaba "tierra trágame". Le he preguntado muchas veces si alguna vez le han comentado algo, y a regañadientes, pues no quiere ni recordar el día, me dice que no, aunque sí me dice que nota miradas, risitas y quizá se toman más confianza cuando está con ellos. El dueño del piso, que frecuentemente nos vemos, sí me dijo a mí si ibamos a menudo, que parecía mentira que no nos conociéramos más a fondo y que podíamos quedar para salir a tomar algo e incluso volver a la playa. Mi mujer no quiere ni oirlo y cuando viene por casa, está super incomoda.
Hola, me llamo Víctor, tengo 46 años. En mi familia no era costumbre mostrarse desnudo, nunca vi ni a mis padres ni a mis hermanos desnudos. Pero siempre tuve una "admiración" por la gente que no tenía vergüenza de ducharse juntos después de hacer deporte o gente que iba a una playa nudista. Como vivo en el norte de Europa, en mi país no había ninguna posibilidad de practicar el nudismo.
En 1984 estuve de vacaciones en Niza y había visto en una guía turística que había una playa nudista en Eze Sur Mer. Mi novia y yo decidimos ir allá. Para mí era muy pero que muy extraño ver esa gente que tomaba sol o caminaba totalmente desnuda como si fuera la cosa más normal del mundo. Solamente cuando pasaron unas horas tuve la audacia de quitarme el bañador. ¡Qué sensación más bonita! Me sentía muy liberado, sobre todo nadando en el mar. Mi novia solamente se quitó el bañador el tercer día...
Desde aquel momento siempre buscamos playas nudistas durante las vacaciones en Francia, España, Grecia u Holanda.
Lo que es gracioso es que en la playa uno siempre reconoce otra gente que se quita el bañador la primera vez, el hecho de que vacilan un rato o unos días les vende. Cada vez que veo algo parecido estoy contento por el principante.
Yo me inicié en el nudismo poco a poco, como un niño que aprende a andar...
Recuerdo que fue a los 20 años de edad, en la terraza-piscina de un hotel en Canarias, con la que hoy es mi mujer. Todo empezó porque ella estaba haciendo topless y yo me preguntaba cuál sería la sensación de tomar el sol, bañarte, caminar completamente desnudo, al aire libre. He de decir que como han contado algunos amigos previamente, en mi casa, tampoco se estilaba lo de verse desnudos los unos a los otros. La intimidad pasaba por no desnudarse delante de nadie... cosa que hoy en día veo totalmente ridículo. Volviendo a la historia, me aventuré a quitarme el bañador mientras estábamos en la hamaca y la sensación fue... indescriptible. Eso sí, nos refugiamos un poco de las miradas de los alemanes que compartían terraza. Quizás ésta fue la primera vez que me atrevía a hacer algo así.
El verano siguiente, estuvimos en Alicante. Yo estaba ya infectado por el bendito virus del nudismo, y una tarde nos dedicamos a caminar. Al paseo marítimo le siguieron descampados, monte, caminos y calas... allí estuvimos alguna hora más, pero fue todo breve.
Pasó otro año y ya estaba “enfermo” del todo. Volvimos a Andalucía, al lugar donde pasaba los veranos de niño. Recordaba perfectamente que no lejos de la playa en la que solía pasar todo el agosto (qué tiempos aquellos...) existía una playa familiarmente conocida como “la playa del guarreo “ (si ellos supieran...) en la que la gente estaba totalmente desnuda (imagínate qué crímenes estaban cometiendo...). He de confesar, que tanto yo, como mi pandilla de entonces, hacíamos incursiones marítimas en patinete hacía la tierra prohibida, supongo que por curiosidad ante lo desconocido y por la aventura que suponía. He de decir que tengo recuerdos aún más vagos acerca del nudismo, ya que desde muy pequeño, pasaba veranos en la Almería más salvaje y espectacular... pero todos esos recuerdos estaban teñidos de la subjetividad de las personas mayores de aquel entonces que bajo el cristal de su moral, lo consideraban una “guarrería”. Pues volví a la tierra prohibida con mi novia, no una sino varias veces en una semana, bajo la mirada atónita de los ya ancianos adultos censuradores de aquel entonces.
Desde aquel entonces, rompí con una traba infantil. Experimenté, juzgué, me quedé y me quedaré.
Han pasado algunos años, en los que hemos vivido todo tipo de experiencias... la mayoría agradables.
Hemos conocido gente muy entrañable con los que mantenemos relación y a los que estaremos siempre muy agradecidos por su cariño. Nos han enseñado que se puede vivir un nudismo-social de lo más normal.
Nos hemos encontrado con compañeros de trabajo en playas con los consiguientes enrojecimientos faciales, risas y consolidación de la amistad.
Hemos estado en playas nudistas con gente de nuestra familia, amigos, compañeros... textiles todos, pero como si nada, cada día nos da un poquito más igual... es más, quizás no seamos unos “talibanes” del nudismo, pero no nos importa “confesar” lo que por otro lado es totalmente natural.
Sueño el día en que seamos tres ante el sol, ante el mar y la brisa, no cometeremos el mismo “error” que se cometió en mi caso.
¡Que viva el nudismo! ¡Y que vivan todos ustedes!
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