Anécdotas de "La primera vez"


Manuel (23/03/2001)

Soy un chico de 19 años que practico el naturismo de forma habitual, aunque ahora soy un firme defensor, he de reconocer que tuve que pasar por un proceso de cambio. Me crié en un ambiente muy conservador, desde siempre me han hecho sentir pudor de mostrar mi cuerpo (ciertas partes especialmente). Tenía 16 años, la ducha era obligatoria al terminar la clase de gimnasia. En el vestuario, los demás chicos se desnudaban con más o menos pudor, pero yo casi no podía, me habían enseñado a reservarme tanto que me horrorizaba desnudarme en público. Esta situación se acrecentaba por culpa de unos compañeros de mi clase, estos chicos por aquello de la pubertad, tenían que lucir sus recién estrenados pelos en las axilas y sobretodo en el pubis. Paseaban desnudos de un lado a otro del vestuario haciendo gala de lo que ellos llamaban "su matojo", algunas veces llegaban incluso a masturbarse ante la risa y la complejidad de mis compañeros. Yo odiaba aquella situación, se demostraba lo nocivo del desnudo que siempre me habían enseñado mis padres. Me obsesionó tanto el tema que creía que todo el mundo me observaba en las duchas y se reían de mí, o del tamaño de mi pene, o del vello que tuviese...

Esta situación de casi psicosis obsesiva por el desnudo y la forma de evitarlo se prolongó. Pero al llegar el verano me fui a la playa con tres amigos de toda la vida. Hacíamos excursiones, y un día pasamos cerca de una playa nudista, yo fui el único que la vio, mis amigos pasaron de largo con la bici. Pero yo me quedé mirando fijamente como hombres y mujeres de todas las edades estaban desnudos, tomando el sol, bañándose, jugando... Al volver con mis amigos no dije nada. Esa noche no pude dormir, me habían enseñado a sentir vergüenza de ducharme con mis compañeros y esta gente estaba desnuda con perfectos desconocidos, algo fallaba y poco a poco me di cuenta que eran esas absurdas convicciones que me inculcaron. Decidí superar mis perjuicios y desnudarme en aquella playa, al principio me lo tomé más como reto personal que como descubrimiento del naturismo. Acudí varias veces a la playa, poco a poco logré sentarme en un rincón, sin llamar la atención. Un día ya me atreví a quitarme el bañador, eso sí con la camiseta puesta de forma que no se me viera nada (aún no sé como logre ese avance). Y sucedió algo, una chica, más o menos de mi edad se me acercó y me dijo que me había observado varios días, "ahora que estás a medio camino no lo dejes para mañana y quítate la camiseta". La chica se fue, cerré los ojos y me quité la camiseta. Estaba desnudo en una playa y rodeado de extraños. Me di cuenta de que la gente seguía haciendo sus cosas, nadie se fijaba en mí. Me armé de valor y me levanté, me acerqué a la orilla y sentí la sensación más maravillosa del mundo. Se levantó brisa, pasaba como una caricia entre el vello de mis piernas, mis genitales se estremecieron, estaba en la gloria, una sensación de libertad que jamás he sentido. Pero justo cuando estaba en este estado de purificación, tuve una erección, no sabía que hacer, miré en redondo y me di cuenta de que nadie me prestaba atención y ahí me quedé hasta que se me pasó la erección. Todas mis convicciones desaparecieron, mostrar mi cuerpo era saludable, en estos sitios no había nadie haciendo un alarde de su pene masturbándose como hacían los chicos de mi colegio. Era un ambiente muy sano, nadie juzgaba a nadie, la gente sólo se limita a disfrutar de la naturaleza.

Me quedé con una sensación de libertad y dignidad, que al día siguiente a mis amigos les convencí de que se vinieran conmigo, no les dije donde. Al llegar y ver la playa, tomaron la típica actitud de mirón, les expliqué que el objeto de llevarles allí era otro, disfrutar de otra forma de la naturaleza. Tardé una hora en convencerles de que entraran en la playa y otra más para que se quitaran todo menos la camiseta. Una vez llegados a este punto les hice levantarse y les lleve a la orilla. Allí sintieron la sensación maravillosa del aire cuando toca esas partes "tan prohibidas", les dije que se quitaran la camiseta, lo hicieron y sólo pudieron darme las gracias. A partir de ahí todos los años repetimos la experiencia.

Respecto a mis padres, cuando cumplí los 18 les dije que hacía nudismo en la playa (me encontraba muy orgulloso de ello, no como antes) y que no veía una razón por la que no pudiera hacerlo en casa. A mis padres casi les da un ataque, comenzaron con la típica charleta de ...degenerados, viciosos... pero con el paso del tiempo les he ido convenciendo y ahora puedo estar desnudo en mi cuarto y pasear con un batín por el resto de mi casa. Mi hermano que tiene 17 años me ha pedido que le lleve este verano a una playa, de momento practica el naturismo conmigo en mi cuarto.

Sé que el correo es muy largo, pero creo que está bien para que la gente vea que el naturismo no es ni mucho menos un exhibicionismo de cuerpos ni nada por el estilo. Es la manera más sana de disfrutar de la naturaleza.

Gracias.


Pratia (8/04/2001)

La primera vez fue mallavillosa pues una mujer me enseñó que no debía tener corte, ella que no me conocía de nada vio que tenía problemillas al quitarme la ropa pero ella se desnudó primero, estuvo hablando conmigo y me dijo que me quitase el bañador, aunque tuve una ereccion me comprendió y me dijo que lo superaría, se llamaba Helen y tenía 45 años, no la he vuelto a ver pero me hizo ser nudista para siempre...gracias


Jesús (3/06/2001)

Hola a todos.

Me llamo Jesús, tengo 39 años y la primera vez que acudí a una playa nudista fué el año pasado, y eso que sabía de la existencia de esa playa cercana a otra que suelo acudir, desde hacía muchos años.

No sé cómo pero uno de esos días de verano que estaba solo y sin amigos me decidí a ir y ver cómo reaccionaba.

Serían las 12 del mediodía cuando llegué y mi primera impresión fué que había mucha gente, tanto sin ropa como con ella, y observé que nadie miraba a nadie. (Creo que el único que miraba era yo, pero de lo extraño que me encontraba).

Yo esa mañana no me atreví a quitarme el bañador. Y como llevaba mi cometa, me puse a volarla. Varios se paraban a mirar cómo la volaba y charlaban conmigo. Tanto los que iban con bañador como los que iban sin él. Pero esa mañana no me atreví a desprenderme del mío.

Fue esa misma tarde cuando me atreví. La verdad es que esa mañana me sentía incómodo y mirado con mi bañador. Y cuando me lo quité, a pesar de los típicos temores que me surgieron, comprobé que nadie se asombraba de mi actitud.

Sí. He de reconocer que fué un rato duro. Sobre todo cuando me atreví a ir a darme un baño. Pero esa sensación de libertad que sentí en el agua en mi primer baño sin ropa bien mereció ese mal rato.

Y lo mejor de todo fue al caer la tarde. Tras mucho meditarlo me atreví a volar mi cometa. Y sin bañador. No había mucha gente en la playa, pero allí estaba yo volando mi cometa delante de la gente, desnudo y sintiendo el viento en todo mi cuerpo. Maravilloso.

Desde entonces, acudo a esta playa siempre que puedo. Y cuando voy a una playa textil, me siento incómodo con el bañador y no disfruto lo mismo. Bueno, y así fué mi primera vez.

Animo a todos aquellos que lo quieren practicar y no encuentran la ocasión o el momento. En serio que disfrutarán.

Jesús.


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